La oniomanía se manifiesta como un deseo irresistible y repetitivo de adquirir objetos, a menudo superando las posibilidades económicas de la persona.
A diferencia del consumo habitual, esta conducta se vuelve incontrolable, pasando de ser una actividad gratificante a una necesidad compulsiva que genera una mezcla de excitación y malestar.
Identificar esta adicción puede ser complejo, dado que vivimos en una sociedad que fomenta el consumismo. La línea se cruza cuando el acto de comprar deja de ser una elección y se convierte en una dependencia que consume la vida de la persona, tanto a nivel mental como financiero.

Freepik
Estudios recientes sugieren que las mujeres son más propensas a desarrollar este trastorno, enfocando sus compras en moda y accesorios, mientras que los pocos casos en hombres suelen estar ligados a la tecnología.
El perfil psicológico de quien padece compras compulsivas a menudo se asocia con otros trastornos como la ansiedad o la depresión.
El acto de comprar puede ser una vía de escape emocional, una forma de llenar un vacío o afrontar problemas personales.
El ciclo de la adicción se compone de cuatro fases: la anticipación (el impulso), la preparación (la búsqueda), la compra (el momento de euforia) y, finalmente, el gasto y la decepción, que desencadenan sentimientos de culpa y arrepentimiento.
Romper este ciclo requiere el reconocimiento del problema y, en muchos casos, la ayuda de un especialista en salud mental.
La oniomanía se manifiesta como un deseo irresistible y repetitivo de adquirir objetos, a menudo superando las posibilidades económicas de la persona.
A diferencia del consumo habitual, esta conducta se vuelve incontrolable, pasando de ser una actividad gratificante a una necesidad compulsiva que genera una mezcla de excitación y malestar.
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El acto de comprar puede ser una vía de escape emocional, una forma de llenar un vacío o afrontar problemas personales.
El ciclo de la adicción se compone de cuatro fases: la anticipación (el impulso), la preparación (la búsqueda), la compra (el momento de euforia) y, finalmente, el gasto y la decepción, que desencadenan sentimientos de culpa y arrepentimiento.
Romper este ciclo requiere el reconocimiento del problema y, en muchos casos, la ayuda de un especialista en salud mental.